martes, 18 de octubre de 2011

Despedida y cierre

   Escribir este blog ha sido una muy grata experiencia de la que he disfrutado en cada entrada. Han sido meses en los que he aprendido bastante más sobre mí mismo gracias a esforzarme en intentar encontrar, ordenar y expresar mis pensamientos y reflexiones, que en el caótico mundo que nos rodea (caótico, como debe ser) a veces es algo difícil de conseguir si uno no se educa a guardar silencio y observarse con cuidado y calma.

   También me ha encantado leer y escuchar las opiniones de quienes han querido compartirlas conmigo, y gracias a todo he descubierto que expresar sin ningún pudor aquello que nos define y recorre no repercute más que en nuestro propio beneficio y, a veces, con mucha suerte, en el de los que nos rodean. La comunicación no es más que otra forma de realizar el método de ensayo y error, tan imprescindible para evolucionar en cualquier campo. 




   Y tras lo aprendido, me doy cuenta de que me falta mucho más camino por recorrer del que pronostiqué al empezar este blog, y no creo que una persona tan incapaz deba verter más tinta digital hasta un futuro lejano y siempre que el espíritu lo pida.

   Me gustaría, sin embargo, despedirme con un mensaje que no es ni un consejo ni lo pretende, más bien una declaración de intenciones: vivir es transformar y convertir, ser atravesados por la luz que nos llega desde nuestro alrededor y dejar que el cristal multicolor que somos lo filtre y le de un nuevo tono. No vale la pena intentar atrapar esa luz, ni guardarla o mucho menos esquivarla. Lo único que parece sensato es participar generosamente en ese infinito baile de destellos que conforman el universo, lo cual entiendo que se traduce en esforzarse por limpiar de manchas y pulir nuestro material propio para no causar reflejos que dañen los ojos de los otros o desfiguren la hermosura de la realidad.

   Un abrazo, caminantes.